Gregorio Corujo Rodríguez nació en Gáldar en octubre de 1933. Hijo de Juan y Lorenza, y hermano de Juan, su niñez se desarrolló en la conocida calle del Agua, donde era un incordio para casi todos los vecinos, debido a ser un niño desinquieto y muy travieso.

A los siete años le fueron amputados varios dedos de su pie derecho al caerle un canto y engangrenársele por una mala praxis médica. Pero esto no fue impedimento para seguir con sus innumerables travesuras. Una de ellas fue en la escuela de Juanito Quesada, donde después de una trifulca con dicho maestro, se atrincheró en un riego y a pedradas rompió el “mundo” : el mapamundi que colgaba de una de las paredes.

Sobre el año 1945 y después de fallecer su padre se trasladan a vivir a Nido Cuervo.
Al cumplir los dieciséis años y haber estado como aprendiz en el taller de Juan Pedro, entra a trabajar en el conocido taller de Mr. Leacock en el Agujero.

Compaginaba su trabajo allí con otros de forja para vecinos y conocidos (maceteros, tresillos de forja, etc.). Al llegar al taller maquinaria pesada, tractores sobre todo para su reparación, se especializa en soldadura. Debido a la gran demanda de trabajo, decide independizarse y montar un taller por cuenta propia en Nido Cuervo, gracias a la ayuda de varios clientes (D. Juan Quesada, Pedro Ruiz y los Hermanos Titos, entre otros) que le prestaron dinero o le sirvieron de avalista a cuenta de futuros trabajos.

En los inicios llegaron a trabajar alrededor de seis trabajadores ( Nicolás Gutiérrez, Antonio Santana, Santiago Padrón, entre otros).

En el año 1963, traslada el taller a San Isidro, donde se convierte a su vez en una escuela de aprendizaje para muchos jóvenes de la zona, que luego montaron a su vez sus propios negocios, como Santiago Padrón, los hermanos García, Boro Peña o Alberto Bolaños.

Este último, junto con Francisco García, son los empleados que durante más tiempo han trabajado en el taller, entre treinta y cuarenta años.

En el año 1982, traslada el taller a la zona de San Isidro El Viejo ( junto a la ermita ), debido a la imposibilidad de realizar su trabajo al construirse cerca la Guardería Municipal de San Isidro.

En el taller se han realizado trabajos como los bancos de la Plaza de Gáldar y el vallado de los jardines de la misma. Las primeras jaulas para transportar plátanos y silos de mortero, trabajos en pozos y colegios, etc., para los más conocidos de la zona.

En el año 2012, pone fin a su larga trayectoria laboral debido, como no, a la tan renombrada crisis.

Siempre ha sabido compaginar su vida laboral con la familiar. Viudo de Flora Díaz Díaz y padre de Juana, Flora y Gregorio, y abuelo de Pablo, se entretiene en la actualidad en su pequeño terreno, cuidando de sus animales y árboles frutales.

Si hay algo de lo que se siente orgulloso, s de haber ejercido de maestro para muchos de los que pasaron a lo largo de su vida por su taller y de no poner trabas para que pudieran desarrollar sus propios negocios, dejando las puertas siempre abiertas para ellos.

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