Hay que recordar que el 14 de abril de 2011 el Gobierno de Canarias publicaba el Decreto PH 51/11, de 16 de marzo de 2011, que incoaba el procedimiento para la declaración como BIC de la Iglesia.

Sin embargo, tras el informe favorable emitido el 8 de mayo de 2012 por la Comisión Mixta Iglesia Católica-Gobierno de Canarias, la Comisión Insular de Patrimonio Histórico manifestó, en su reunión del 23 de mayo de aquel año, la necesidad de que un técnico especialista en bienes muebles realizara un inventario que permitiera garantizar no sólo la protección del edificio, sino la de un vasto patrimonio que, durante la tramitación del expediente, cuyos orígenes se remontan al año 2004, no había sido tenido en cuenta, al menos no en su totalidad.

Ahora, con el inventario que encargó a la restauradora Cinthia Guimerans, el Cabildo propone la declaración como BIC de la iglesia, así como de su entorno, que queda provisionalmente delimitado, y la de unos 80 de bienes muebles, entre los que figuran pinturas, en su mayoría barrocas (23); esculturas, incluidas varias de Luján Pérez (42) y retablos (8), así como mantos, trajes, coronas y sacras (5 elementos), según ha anunciado Larry Álvarez, coordinador general de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos de la Corporación Insular.

HISTORIA. Los orígenes del templo actual se remontan a los tiempos de la Conquista castellana de la isla, cuando alrededor de la antigua ermita de San Juan Bautista se crea un pequeño asentamiento. En 1515, fue nombrada Parroquia por el Obispo Fernández Vázquez de Arce.

La propuesta de construir un nuevo templo para acoger a la creciente población partió del párroco Francisco Cárdenes Herrea y de Francisco Gourié Marrero y, tras ser aceptada la idea, se formó la Junta Directiva para su ejecución, convocándose un concurso público de ideas, que quedó desierto, y proponiéndose el proyecto, de al arquitecto catalán Manuel Vega i March.
De estilo neoclásico, el proyecto del Templo de San Juan Bautista data de 1908, pero la primera piedra no se colocó hasta el 19 de marzo de 1909. Fue abierto al culto el mismo día (San José) de 1917, aunque la construcción principal, cuya dirección de obra se le encargó al grancanario Fernando Navarro y Navarro, se prolongó hasta 1932.

El proyecto de ampliación de la torre-campanario (1928) también fue obra de Vega i March, con lo que se logró la plena unidad y coherencia de la composición. Su ejecución (1932-1977) corrió a cargo del arquitecto diocesano Rafael Masanet y Faus y del Cabildo.

La magnífica labor llevada a cabo por numerosos profesionales de la piedra (maestros de obra, tallistas, labrantes, entalladores, repartidores, cabuqueros, aprendices, obreros…) otorga al edificio un valor artístico que, junto a la calidad e interés de sus bienes muebles, hacen a este monumento merecedor de la máxima protección.

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