Alguien dijo una vez que hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica. Esa fuerza es la voluntad. Voluntad de superación es la facultad que define a Juan Corujo Rodríguez, un hombre con aspiraciones que logró sus fines a base de esfuerzo, constancia y sacrificio.

Nacido en Gáldar en junio de 1931, primogénito de Juan y Lorenza y hermano de Gregorio, vivió durante su infancia en la conocida como calle “Del Agua”. Al enfermar gravemente su padre en 1943 consigue, gracias a Mariquita Hernández Ruiz, trabajo en el Casino que compaginaba con las clases que le impartía fuera de horario la maestra Bernardina; a quien su madre lavaba la ropa a cambio de este gran favor. Dos años después, D. Cristóbal Trujillo hizo posible que consiguiera trabajar en la finca de Mr. Leacock al inscribirlo con el nombre de su madre Lorenza hasta lograr la mayoría de edad, pues era muy joven y no le daban trabajo.

Realizó el servicio militar en Sidi Ifni en 1952 y se casó con Nazaria en 1955, instalándose en Nido Cuervo. De su unión nacieron sus tres hijos: Juana Mª, Carmelo y David.

En ese mismo año vio el anuncio en el periódico 7 Fechas, al que su hermano estaba suscrito, de una academia para aprender relojería por correspondencia y no dudó en inscribirse. De esta manera, con su afán de progreso, estudiaba y compaginaba su trabajo en las tierras de Mr. Leacock arando con los bueyes, con el arreglo de algunos relojes que le confiaban. Con él aprendió también este oficio Julio Almeida, con quien trabajó en la relojería que abrió Juan en la calle Reyes Católicos tres años después.

La venta de relojes hizo que prosperara el pequeño comercio cuyo nombre era relojería La Torre y con la ayuda de su esposa lo trasladó a la calle Capitán Quesada en 1963 pasándose a llamar Relojería – Joyería Corujo. Estableciéndose así la joyería número seis en esta isla.

Actualmente disfruta de su jubilación con la compañía de sus dos hijos, cinco nietos y tres bisnietos, quienes (a excepción de los pequeños) conocen la gran estima que siente por su pueblo y por todas aquellas personas con las que conversaba apoyados en aquel mostrador.

Opuesto a la opulencia, su estilo de vida refleja su forma de pensar… En la humildad está la grandeza y en la gratitud, la recompensa.

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