Además, el juego es muy importante para que los niños sean más felices y tengan una mejor autoestima. No es solo una forma divertida de aprender sino que es muy beneficiosa para que los niños tengan una buena salud emocional. El juego es muy beneficioso para los niños porque:

Desarrolla las habilidades sociales y de comunicación

Al jugar, los niños se relacionan con sus compañeros y a convivir con ellos de forma sana. Aprenden valores como el trabajo en equipo, el respeto a los demás, entender que no todo puede ser como él quiera, esperar turnos y a liderar. Todas estas habilidades sociales son muy importantes para vivir en sociedad y los niños las aprenden de forma natural a través del juego.

Estimula la creatividad y la imaginación:

Casi cualquier juego estimula la imaginación de los niños. Desde los objetos cotidianos hasta juegos creados específicamente para explorar otros roles y construir aventuras de fantasía, la capacidad de los niños para imitar y actuar asumiendo distintos roles y papeles estimula la creatividad y les permite explorar emociones, actitudes y experiencias desde distintos puntos de vista.

Mejora las destrezas físicas:

Hay muchos tipos de juego en los que los niños deben utilizar su cuerpo de distintas formas para conseguir superar los retos que se le plantean. Además, animar a los niños a realizar juegos más físicos es un buen preludio para que empiecen a practicar algún deporte en el futuro, algo muy beneficioso para la salud a corto y largo plazo.

Los juegos como saltar a la cuerda o el twister mejoran la coordinación, la fuerza y el equilibrio, a la vez que trabajan la coordinación y les da a los niños un mejor conocimiento de su cuerpo y de cómo controlarlo.

Aprender a patinar o a andar en bicicleta desarrolla las habilidades mecánicas y la capacidad de prestar atención a muchas cosas a la vez, hasta conseguir mantener el equilibrio y dejar de pensar en el accesorio que están utilizando, para pasar a disfrutar del entorno u de la nueva forma de moverse que han descubierto.

También la motricidad fina se trabaja con el juego. Hacer puzzles o construir figuras con bloques ayuda a que los niños trabajen la precisión al utilizar sus manos, la coordinación mano-ojo y a manejar elementos pequeños con facilidad.

Ayuda a trabajar y comprender las emociones:

Mucho antes de que los niños puedan expresar sus emociones con palabras, lo hacen a través del cuerpo, de los sonidos y de los juegos. Muchas veces los niños llevan al juego acciones que les resultan difíciles de comprender, alejándose de ellas y buscando comprender a través de la interacción que se crea en el juego.

En otros casos, asumir roles y ponerse en la piel de otras personas a través de personajes ficticios, los ayuda a explorar distintas situaciones y emociones, lo que favorece la comprensión de quienes son diferentes y la empatía hacia los demás.

El papel de los padres en el juego

Por todos estos motivos es importante que los niños jueguen, para que puedan divertirse, aprender y adquirir destrezas fundamentales para desenvolverse en sociedad y para relacionarse con su entorno. Los padres deben ser una parte activa del juego y supervisar que los niños juegan en un entorno seguro y cumplen unas normas básicas de respeto y convivencia cuando juegan con otros niños.

También es conveniente que los padres participen de los juegos de sus hijos, reforzando el vínculo familiar y creando recuerdos alegres y experiencias positivas. Pero es importante que cuando eso ocurra, dejen que los niños tengan la libertad de imaginar y jugar como ellos quieren. Al jugar con ellos, lo mejor es dejar salir el niño interior y sorprendernos con sus ocurrencias, su imaginación es maravillosa e ilimitada.

Por María José Madarnás, editora de Maternidad Fácil.

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