Gracias a las nuevas tecnologías y al nacimiento de redes sociales, la proliferación de programas para manipular material fotográfico ha ido en aumento, sin embargo, nunca desbancarán al rey en este campo: Photoshop. Es utilizado por todos, también sea dicho que unos con más maña que otros, no obstante todos queremos acercarnos un poco a la «realidad» que muestran las revistas internacionales de moda. Personas que han alcanzado la fama y que aparecen en las portadas de revistas, de meros mortales a dioses, y sí, he dicho dioses ya que desafían la perfección física y que hasta el genetista George Mendel se quedaría perplejo.

Con el afán de disimular esos pequeños defectos con Photoshop, y que al fin y al cabo nos hacen únicos y humanos, las empresas de cosmética y publicaciones de todo el mundo se exceden y quedan en ridículo como sucedió con la actriz Diane Keaton de 68 años durante la ceremonia de este año de los Globos de Oro, donde instantes después de que compareciera en la gala, se emitió un anuncio de la marca L’Oreal de la que es protagonista, con un aspecto totalmente rejuvenecido y apenas líneas de expresión. No sólo las actrices más veteranas son material de Photoshop, sino que también las generaciones más jóvenes están expuestas a ello y muchas veces siendo estandartes de una causa a favor de la belleza real como es Jennifer Lawrence, ganadora de un Oscar por El lado bueno de las cosas de 23 años. En 2011, la revista canadiense Flare sacó en portada a Jennifer Lawrence excesivamente retocada, afinando su cintura, resaltando los pómulos y la clavícula.

Por ahora hemos abarcado la manipulación de imágenes para ocultar la edad y el cuerpo, sin embargo se puede llegar a cambiar la raza. De nuevo L’Oreal, en 2008 contó con la cantante afroamericana Beyoncé para promocionar una de sus líneas de productos pero el resultado no fue el esperado por parte del público ya que incluso la misma Beyoncé recalcó no parecerse en absoluto a la imagen que la compañía mostraba al verse con la tez más pálida que de costumbre.

Todos estos casos son meramente la punta del iceberg de los falsos ideales de belleza y que gracias a la labor de los retoques digitales se está educando una generación de jóvenes, obsesionados por su aspecto y parecerse las estrellas hasta incluso poniendo en peligro su salud y apuntando con el dedo a otros por no hacer lo mismo. Términos como thigh gap (hueco entre los muslos para que no se toquen) y fat shaming (públicamente denostar a alguien por estar gordo) están a la orden del día entre los jóvenes de todo el mundo.

Con Photoshop, filtros de Instagram, y otros programas para la misma misión se maquilla o mejora la realidad, los utilizamos para vernos mejor y a través de este prisma farisaico, nos gusta. Realmente, las apariencias engañan.

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