Sobre las 19.30 de la tarde, una vez acabada la misa, el párroco de Gáldar, Agustín Monroy, fue bendiciendo uno a uno a las decenas de vehículos que pasaban por el frontis para recibir el agua bendita.

Turismos de todas las marcas, nuevos, viejos; motocicletas e incluso alguna bicicleta aguardaban en la calle Soront Semidán a la espera de que se abriera el tráfico para acceder a los pies del Templo y recibir los favores del patrón de los conductores, haciendo sonar las bocinas al recibirlas, con la sana intención tal vez de llamar la atención del santo y perpetuando, un año más, esta curiosa tradición que se mantiene con fuerza en el municipio.

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