Moneda localizada en la cueva.

Disponible a través de la web www.grancanariapatrimonio.com, esta herramienta interactiva llamada ‘Gran Canaria C-14, un viaje en el tiempo’, suma a los contenidos presentados hace ya unos meses otros relativos a una decena de espacios: Caserones (La Aldea), la Necrópolis de Maspalomas (San Bartolomé de Tirajana), Tufia (Telde), La Fortaleza (San Bartolomé de Tirajana), Las Guayarminas y Bocabarranco (Gáldar), Temisas (Agüimes), Bentayga (Tejeda), Risco Caído (Artenara), Maipés (Agaete) y Cenobio de Valerón (Santa María de Guía), que, pese a ser uno de los yacimientos grancanarios más emblemáticos no había sido datado con anterioridad.

Dichos contenidos alimentan, también y de forma monográfica, el nuevo número del Boletín de Patrimonio Histórico del Cabildo, disponible asimismo a través de la citada web, en dos formatos (pdf y e-pub), y que también fue presentado por el coordinador general de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos, Larry Álvarez, junto a un interesante hallazgo realizado en Cueva Pintada: una moneda del Reinado de Jaime II de Aragón que se convierte en el único ejemplo documentado hasta ahora de los distintos “bienes de prestigio” europeos que, sin duda, circularon entre los linajes aristocráticos indígenas durante la presencia mallorquina en la isla (1342-1393), antes por tanto de la conquista de Gran Canaria por los castellanos.

Aunque los mallorquines se establecieron de manera preferente en Telde, núcleo más poblado que Gáldar, el del norte era ya entonces la capital de la jefatura isleña, en manos del linaje de los Guanartemes, que lógicamente querrían atesorar bienes de prestigio como la citada moneda. Lo extraño es que, hasta ahora, no se hayan encontrado (o podido identificar) otros bienes similares, lo que, sin duda, constituye otro interesante desafío en el estudio de los materiales de importación recuperados en el yacimiento de la Cueva Pintada.

AMBICIOSA OLEADA. “La ampliación de la serie de dataciones de Carbono 14 disponibles en la aplicación que presentábamos a principios de año, refleja la apuesta decidida de este Cabildo por el patrimonio arqueológico insular”, según Larry Álvarez , quien indicó que “no solo hemos priorizado la conservación y difusión de los yacimientos, sino la intervención directa en estos espacios con el objetivo de profundizar en su conocimiento” a través de una serie campañas en las que el Gobierno de José Miguel Bravo de Laguna ha invertido más de 154.000 euros.

A ello habría que sumar iniciativas como la redacción del proyecto de musealización y activación pública del Ingenio Azucarero de Agaete, la renovación de los recursos museográficos del Centro de Interpretación del Barranco de Guayadeque o las obras de cerramiento y apuntalamiento de las Cuevas de Risco Caído.

En cuanto a las dataciones, Risco Caído ha proporcionado dos fechas radiocarbónicas (un hecho excepcional en contextos con manifestaciones rupestres) a partir de un fragmento de madera integrado en la argamasa que sellaba una grieta de la espectacular cúpula de la cavidad (siglos XIII-XIV) y de materia orgánica presente en el sedimento empleado para fijar una piedrecita de la cazoleta en la que termina la representación del mayor triángulo púbico del panel, que ocupa, además, una posición central en la composición rupestre (siglo XV). En este último caso, se trataría de una reparación puntual del motivo grabado, cuya elaboración se remontaría, por tanto, a fechas anteriores.

Las primeras tres dataciones del Cenobio de Valerón, uno de los espacios de almacenamiento o granero colectivo más importantes de Gran Canaria, revelan que estuvo en funcionamiento a lo largo de varias generaciones, posiblemente durante los siglos XIII, XIV y XV, sin que pueda descartarse una antigüedad incluso mayor. El Cenobio sería así coetáneo de otros graneros insulares, como El Álamo, en Acusa, o Guayadeque, así como de diversos asentamientos del norte de la isla, como Agáldar. La importancia del descubrimiento radica en que la agricultura era la base de la dieta de los antiguos canarios y su principal actividad económica y en que, según diversos autores, la intensificación de la actividad agrícola en la isla tuvo lugar en torno a los siglos XI-XIII.

Dadas las dudas que se cernían sobre las dataciones con que contaba La Fortaleza de Santa Lucía de Tirajana, se seleccionaron nuevas muestras muestra (semilla). Un procedimiento de análisis muy preciso (espectrometría de masas con acelerador de partículas, AMS) verifica que el enclave estuvo ocupado (y que allí se almacenaba grano) en el siglo XIII, sin que ello permita, sin embargo, descartar que estuviera ocupado en fechas anteriores.

En esta oleada, también se han datado una vivienda localizada Las Guayarminas, a escasos metros del actual Museo y Parque y Arqueológico Cueva Pintada, que habría formado parte del mismo conjunto arqueológico; el yacimiento de Roque Bentayga, escenario de importantes episodios de la Conquista de Gran Canaria y que, según información obtenida de una cavidad situada en su cara sur, confirma la ocupación interior de la isla a lo largo de un milenio (desde los siglos IV-V dC, en que ya fueron datadas las Cuevas del Rey, hasta fines del siglo XIV-primera mitad del XV, en el propio Bentayga) o las tumbas halladas a las afueras del Maipés de Agaete. Las fechas obtenidas sitúan dos de esas sepulturas entre los siglos VIII-IX, lo que indicaría que el muro que las separaba del resto de la necrópolis se había construido con posterioridad. El porqué se levantó dicha pared o qué razón hizo que varios túmulos quedaran fuera de ese perímetro sigue siendo una incógnita, máxime teniendo en cuenta que los enterramientos intervenidos no presentan rasgos distintos a los del interior del Maipés.

En cuanto a la moneda de Cueva Pintada, se recuperó en una campaña de 1991, cuando fue inventariada y pasó a formar parte de los fondos del museo. En 1999, se llevó a cabo la restauración de los dinerarios recuperados en el yacimiento y, en este caso, se apreció un desgaste considerable que dificultaba su determinación.

En la restauración de esta pieza se observó sin embargo que poseía una lámina de plata y, ya en el año 2012, en el marco del proyecto ‘Arqueología de la Aculturación y de la Colonización’, dirigido por María del Cristo González en coordinación con José Ignacio Sáenz y Jorge Onrubia, y con la colaboración del equipo del especialista en metales del CSIC Ignacio Montero, se pudo iniciar un estudio más detallado que, en primera instancia, concluyó que se trataba de una moneda aragonesa.

En concreto, la presencia en el reverso de una cruz patriarcal parecía indicar que se estaba ante un dinero de vellón (aleación de plata y cobre) de Fernando II de Aragón (Rey Católico), pero un análisis metalográfico reveló, además, la existencia de un forro de plata poco habitual, lo que hizo que fuera objeto de una nueva revisión. Con ayuda de una lupa binocular, se detectó algún elemento iconográfico aislado que sugirió una adscripción más antigua, de tiempos de Jaime II de Aragón (1267-1327), que reinó desde 1291 hasta su muerte.

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