José García Medina rodeado de su familia.

Él es Don José García Medina y, el pasado 11 de agosto se unía al selecto club de los galdenses que superan la centena de aniversarios. Aunque este extraordinario hecho tampoco es una situación inaudita en su familia, dado que su madre y uno de sus ocho hermanos también lo lograron.

Don José celebró esta fecha tan señalada por partida doble; primero con unos pocos familiares, al caer un lunes, y unos días después, concretamente el viernes 15 de agosto, a lo grande, compartiendo una comida, en el restaurante de uno de sus yernos, junto a sus cuatro hijas (Marina, Pino, Lolina y Ñita), once nietos y doce bisnietos.

Y es que eso, precisamente, es lo que más feliz le hace: estar con los suyos, dando y recibiendo amor y cariño. Sus cuatro hijas, además, así lo corroboran, coincidiendo, emocionadas, en que ha sido “un padre excepcional”.

“Siempre se ha volcado con su familia, sin hacer distinciones ni tener favoritismos hacia ninguna”, matiza Ñita, al tiempo que su hermana Pino, que vive con él, añade: “Hace lo imposible por no molestar; él se lo hace todo y nunca se queja”.

Su hija Marina, en cambio, opta por resaltar la memoria que conserva: “Todavía se acuerda del capitán y el teniente que tenía cuando fue a la guerra”; mientras Lolina cuenta que “ha sido un trabajador durante toda su vida, incluso tras jubilarse”.

Por otro lado, los nietos y bisnietos se llenan de orgullo al hablar de él, al que no sólo admiran por el entrañable trato que les dispensa, sino también por su trayectoria personal. “Es un ejemplo a seguir”, subraya uno de sus nietos, así como otro destaca que sus conocidos “no se creen que tenga 100 años con esa calidad de vida”.

Al echar la vista atrás, Don José no se arrepiente absolutamente de nada, por lo que no cambiaría sus grandes decisiones ni las vivencias que ha experimentado. No obstante, declara haber tenido una vida plena y feliz, a pesar de empezar a trabajar con 14 años y dedicarse al duro oficio de la agricultura.

De hecho, ha podido viajar junto a su difunta esposa Carmen (conocida como Carmelita Reyes), visitando varias provincias de la península española e, incluso, el extranjero, más concretamente Portugal. Asimismo, no se atreve a dar consejos, porque “cada uno que viva la vida como quiera y pueda”.

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